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| Antecedentes históricos |
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Bosque
de Chapultepec. Aquí los reyes aztecas,
finos y civilizados, vivieron, se bañaron;
aquí los adustos virreyes meditaron
la conveniencia de transportar la ciudad a
la firmeza seca de las lomas; aquí
murieron los héroes niños bajo
las balas del invasor; aquí Carlota
escandalizó a las damas gordas de su
corte de honor al madrugar para —¡Jesús
mil veces, Carlotita!— montar a caballo;
aquí Elihu Root, aquí don Porfirio,
aquí don Pancho, aquí Obregón,
aquí |
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Calles (cuando Anzures: aquí vive el
Presidente; y el que gobierna, allí
enfrente), aquí Portes y Abelardo.
Fue don Lázaro quien primero se abstuvo,
se desterró (cultivaba una inclinación
por desterrar a los gargantones) a los vecinos
Pinos. Y ahora, por fin aquí un museo
en que lucen como lo merecen las galas y reliquias
de nuestra Historia. |
Nueva
grandeza mexicana
Salvador Novo |
Chapultepec
El topónimo de Chapultepec procede
del idioma náhuatl chapul (in)
–saltamontes– y tepe
(tl) –cerro o montaña–:
en el cerro del chapulín. Este cerro
tiene una formación geológica
muy antigua, de origen volcánico, que
sirvió de asentamiento a numerosos
pueblos desde los teotihuacanos hasta los
mexicas. Estos últimos, según
su historia de la peregrinación, después
de salvar numerosos episodios contra los señores
de Azcapotzalco, lograron fundar la ciudad
de Tenochtitlan en el año 2 casa (1325
d. C.).
Fue durante el reinado de Moctezuma I Ilhuicamina
(1440-1469 d.C.) cuando se mandó construir
el acueducto para conducir el agua desde Chapultepec
hasta México-Tenochtitlan. El responsable
de la gigantesca obra hidráulica fue
Nezahualcóyotl, señor de Texcoco,
quien al no cobrar por su trabajo obtuvo como
premio el permiso de habitar en Chapultepec.
Las crónicas nos informan que a él
se debieron la siembra y el cuidado de los
más viejos ahuehuetes. El sitio
se transformó en un lugar sagrado donde
reinaban Tláloc y Chalchiuhtlicue,
ambos dioses del agua, el primero del agua
de lluvia y la última del agua que
corre por los ríos tomando la forma
de una serpiente con hermosas plumas de quetzal.
Con la llegada de Hernán Cortés
a México se dispuso la tala de los
árboles cercanos a los manantiales
para que no contaminaran con sus hojas el
agua de las albercas de Chapultepec. Con estas
medidas el bosque comenzó a perder
porciones de su espeso follaje. |
El
Castillo de Chapultepec
Desde la época más remota hasta
nuestros días, la arquitectura ha prosperado
siempre en estrecha relación con el
poder político y económico.
Bastarían sólo algunos ejemplos
para percatarse de que podemos descubrir,
a través de los edificios, una historia
del poder en las diversas sociedades humanas.
Durante el periodo virreinal, Chapultepec
fue apreciado como un lugar de descanso y
esparcimiento, para lo cual se construyó,
en la base del cerro, sobre los cimientos
de lo que fuera residencia de Moctezuma II
Xocoyotzin, un palacio que dio albergue a
numerosos virreyes y visitantes distinguidos
durante más de dos siglos. Sin embargo,
la explosión de un polvorín
a mediados del siglo XVIII, que causó
serios destrozos en el edificio, llevó
a tomar la decisión de que el nuevo
palacio se construyera en la cima del cerro,
justo en el lugar que ocupaba una antigua
ermita dedicada al arcángel San Miguel. |
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Los
trabajos se iniciaron el 16 de agosto de 1785,
cuando gobernaba la Nueva España el
virrey Bernardo de Gálvez. El encargado
de realizar los planos fue el teniente coronel
e ingeniero Francisco Bambitelli. Primero
se llevó a cabo el desmonte del cerro;
después vinieron las excavaciones,
los cortes del terreno, la formación
de terraplenes y la fábrica de los
muros destinados a sostener el edificio.
Como Bambitelli tuvo que marchar a La Habana,
el capitán de infantería e ingeniero
Manuel Agustín Mascaró quedó
al frente de las obras. |
A pesar
de que la construcción marchaba con
rapidez, don Bernardo no tuvo la oportunidad
de ver terminado el palacio porque murió el 8 de noviembre de
1786. Su repentino fallecimiento sorprendió
a todos, principalmente a varios de sus enemigos
que lo acusaban de construir una gran fortaleza
para desde ahí desconocer al gobierno
de España. Se afirma, sin el peso de
la evidencia comprobatoria, que fue envenenado.
La Corona española ordenó suspender
los trabajos y subastar la obra en 60 mil
pesos a pesar de que ya se habían invertido
más de 300 mil pesos. Afortunadamente
no hubo quien se interesara por el edificio.
Ante la falta de compradores, en 1792 el virrey
Juan Vicente de Güemes Pacheco y Padilla,
segundo conde de Revillagigedo, lo destinó
para Archivo General del Reino de la Nueva
España, pero el proyecto tampoco fructificó
a pesar de que ya se tenían los planos
de adaptación hechos por el arquitecto
Miguel Constanzó.
Alexander von Humboldt llegó a la capital
de la Nueva España en 1803 y visitó,
entre otros sitios, el cerro y el Alcázar
de Chapultepec. En su libro titulado Ensayo
político del Reino de la Nueva España condenó el vandalismo de los ministros
de la Real Hacienda, que en nombre de la economía
empezaron a vender en subasta los vidrios,
las puertas y las ventanas del edificio que
se encontraba a 2 325 metros sobre el nivel
del mar, dejándolo expuesto al embate
de los vientos. |
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Finalmente
el Ayuntamiento de la Ciudad de México
lo adquirió en 1806, gracias a lo cual
bosque y palacio se salvaron, casi de milagro,
de pertenecer a un particular. Durante la
guerra de Independencia (1810 a 1821), el
edificio estuvo abandonado y así continuó
hasta 1833 en que se decretó que fuera
sede del Colegio Militar. Entonces se le comenzó
a conocer como “Castillo”, aunque
no fue sino hasta 1844, tras hacerle varias
adaptaciones y erigir en la parte más
alta del cerro el “Caballero Alto”
o “Torreón”, que el edificio
comenzó a funcionar como Colegio. |
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Durante
los días 12 y 13 de septiembre de 1847,
el Castillo fue bombardeado por el ejército
estadounidense, causándole serios destrozos.
Dos años después el recinto
sería devuelto al Colegio Militar,
pero habrían de pasar más de
20 años antes que el edificio lograra
funcionar permanentemente como centro de enseñanza
castrense. |
| Durante
el gobierno del presidente Miguel Miramón
(1859-1860), quien fue ex alumno del Colegio
Militar y sobreviviente de la batalla de Chapultepec durante la intervención
norteamericana, se construyeron algunos cuartos
en el segundo piso del Alcázar. |
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No
obstante, esa sección adquirió
su fisonomía actual a partir de 1864,
cuando Maximiliano y Carlota llegaron a gobernar
el país y decidieron establecer allí
su residencia imperial. Para lograr su propósito
convocaron a varios arquitectos austriacos,
franceses, belgas y mexicanos, como Julius
Hofmann, E. Suban, Carl Kaiser, Carlos Schaffer,
Eleuterio Méndez y Ramón Rodríguez
Arangoity. Ellos realizaron numerosos proyectos
arquitectónicos con el fin de hacer
habitable ese hermoso espacio. |
| El
jardín aéreo estuvo a cargo
del botánico de origen austriaco Wilhelm
Knechtel aunque, según Carlota, “se
debió más a la mano de Max”.
En tanto las obras avanzaban con rapidez,
comenzaban a llegar de Europa muebles, pianos,
tibores, vajillas de porcelana y de plata
Christofle, óleos con los retratos
de la pareja imperial, tapices, relojes de
mesa, mantelería, cristalería,
en fin, todo lo necesario para hacer del Alcázar
un verdadero palacio. A la caída del
imperio en 1867, el edificio quedó en el abandono hasta 1872.
Casi 10 años después (1876)
se decretó establecer en Chapultepec
el Observatorio Astronómico, Meteorológico
y Magnético, que fue inaugurado dos
años más tarde y sólo
funcionó hasta 1883, año en
que se ordenó trasladarlo al edificio
del ex arzobispado en Tacubaya. ¿Las
razones? El regreso del Colegio Militar y
la adaptación del edificio como residencia
presidencial. |
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El inmueble sufriría
numerosas modificaciones arquitectónicas
a partir de 1882, durante la gestión
del presidente Manuel González. Después,
a lo largo del mandato del general Porfirio
Díaz, el Castillo y el Alcázar
alcanzarían su mayor esplendor. Luego
lo habitarían varios presidentes emanados
de la Revolución Mexicana: Francisco
I. Madero, Venustiano Carranza, Álvaro
Obregón, Plutarco Elías Calles,
Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y por
último Abelardo Rodríguez. |
El
3 de febrero de 1939, el presidente de la
República, general Lázaro Cárdenas,
expidió la Ley Orgánica que
creó el Instituto Nacional de Antropología
e Historia. Esta ley, en su artículo
tercero, señaló como parte del
patrimonio nacional al Castillo de Chapultepec
para que en él se instalase el Museo
Nacional de Historia con todas las valiosas
colecciones del Departamento de Historia del
antiguo Museo Nacional de Arqueología,
Historia y Etnografía.
El Museo Nacional de Historia
se inauguró en el Castillo el 27 de
septiembre de 1944. |
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